El recurso del corrupto
El escándalo que envuelve al gobierno de Milei da para todo. Que se difundan audios de uno de sus funcionarios de (teóricamente) confianza, y además abogado personal, acusando a su hermana (la hermana de Milei, a su vez Secretaria de la Presidencia) de exigir retornos de droguerías que proveen al Estado de medicamentos para discapacitados –al tiempo que se vetan leyes que amparan a esos mismos discapacitados– puede sugerir una trama novelesca para un producto de plataformas de contenido, pero en realidad de novelesco tiene muy poco.
Todo está guardado en la memoria
En 2022, un Milei
diputado fue denunciado por promocionar a CoinX, una fintech a la que se le
atribuían estafas ponzi. La empresa era tan trucha que uno de sus directivos fue detenido en enero de 2025 con drogas y armas.
Antes, en
2019, su principal espada en las próximas elecciones provinciales, José Luis
Espert, se trasladaba en el avión privado y en una 4x4 (de la que además tenía
la cédula azul) de un narcotraficante que sería más tarde detenido por requerimiento
de la justicia de Texas a Interpol. Ese mismo año, Espert hacía doblete con una candidata a senadora nacional arrestada por robar en un supermercado, con un
changuito con doble fondo.
En febrero de
2023, bastante antes de que el sueño libertario de un Milei presidente se
concretara, Mila Zurbriggen, de la agrupación La Generación Libertaria, contó que en el partido angelical de las fuerzas del cielo se traficaban cargos por dinero o favores sexuales.
El mismo año,
un poco después, Carlos Eguía –candidato a gobernador de Neuquén, periodista y
empresario de medios– acusó a Milei de traicionar su acuerdo y vender candidaturas. Dijo que “es un chorro” y parte de “la casta”. Todavía insiste en que “Milei tiene
un entorno que vive de esto, de pedir coimas”. Las noticias sobre ventas de candidaturas
empezaron a ser un lugar común.
En 2024,
Edgardo Kueider, un senador peronista que había prestado apoyo incondicional en
el Congreso a los proyectos de Milei, fue detenido en Paraguay con 200.000
dólares encima, entre otros haberes. El Senado lo expulsó por inhabilidad
moral.
En 2025, el
escándalo de Scatturice y las 10 valijas que pasaron por la Aduana sin ser
revisadas y la fenomenal estafa de la cripto Libra volvieron a ubicar en el
centro de la escena, incuestionablemente, a Milei. Y ahora se suman los audios
de Spagnuolo a la maltratada imagen de la investidura presidencial.
Fueron muchos
los que pensaron, al andar de estos años y desvergüenzas, que todo queda
grabado en la memoria. Pero no necesariamente en la memoria bienpensante de la
progresía, ni en la sufrida de los votantes pobres, ni en la frecuentemente
desmemoriada de la clase media. Antes que eso, en la de los factores de poder
dominantes, que regulan y condicionan tiempos y acciones de la política.
Fueron muchos
los que sospecharon que tanta tolerancia con barrabasadas, trapisondas y
desfalcos no es gratuita. Y que ni siquiera es tolerancia, sino estrategia de
buen tahúr.
Que consentir
a un aventurero de baja estofa en la primera magistratura, a un impostor de
poca monta, con la experiencia delicuencial de un ratero, tenía un sentido
claro: convertirlo en único responsable de todo lo que queda feo ejecutar, en el
verdugo que nadie quiere tener en la familia, y al mismo tiempo en un fusible
fácilmente reemplazable, por no tener vínculos asegurados con nadie, por ser un
outsider no sólo de la política, sino también de los negocios y, en
definitiva, de la buena sociedad.
Un farsante
chapucero con una muy discutible salud mental, presa fácil de delirios megalómanos
y, por lo tanto, susceptible de regalarse en bandeja cuando sea el momento de
despedirlo sin beneficio de compensación.
La conspiración de todas las conspiraciones
El asunto –ahora
que todo ha volado por los aires, ahora que el entorno más cercano del
presidente está acusado de robar y las actuaciones judiciales avanzan–; la
pregunta aún no respondida, es de dónde salieron los audios, quién es el
misterioso interlocutor que hace más de un año arrancó a Spagnuolo tan alarmantes
confesiones.
El segundo
dato es por qué se eligió tan cuidadosamente el momento para torpedear la línea
de flotación del gobierno.
Se habla de fuego
amigo en la interna salvaje del partido del gobierno. Que otros enemigos internos o externos, que quizá la SIDE. Otros apuntan un poco más alto: a aquellos memoriosos
factores de poder ya aludidos, quizá resentidos por la última confiscación de
hecho sobre el sistema bancario, al subir los encajes al 50%. “Bien me quieres,
bien te quiero, no me toques el dinero”, diría Serrat.
Todo es
posible dentro de las construcciones conspirativas en las que, por una vez, no
hay forma de achacarle la culpa al peronismo, al riesgo kuka o al enanismo
marxista.
Acaso la más
inquietante de todas las intrigas conspiranoicas sea imaginar que todo está cuidadosamente planificado. Que
ejecutado ya lo principal del daño exigido en el término que permite el
agotamiento de un salvajismo económico de mecha corta, es hora de sacrificar al
borrego y no a la ideología.
En otras palabras: que ante la imposibilidad de seguir dándole aire al desfalco financiero que se está comiendo vivo (una vez más) al país, después de los blanqueos, consumos de cosecha y aparentes salvatajes del FMI (en realidad garantías renovadas para la continuidad del sangrado argento); ante la inevitabilidad de que todo se derrumbe por impericia, cortedad de miras y mala praxis, es momento de atribuir, como siempre, el fracaso a la eterna maldición de la corrupción, inherente a la incorregible clase política.
Y acaso así se
salva la idea liberal, que con tanto empeño y dinero se dedican desde siempre a
instalar en la mente de los ciudadanos.
Los políticos
son los corruptos de toda la vida, pero la pelota no se mancha.
Así los programas que ya fracasaron una vez, y otra, y otra, contarán con una nueva oportunidad.
Los cambios de fondo, los que vienen anhelando desde siempre, siguen en pie. Atenti
jubilados y trabajadores.
Las reformas
previsional y laboral siguen cabalgando.

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