El tuerto y los ciegos
La dominante de quienes observan la política argentina en 2026 es caracterizarla como el imperio de un mediocre que gobierna en soledad por ausencia de adversario. Y el interrogante generalizado es por qué el principal partido de oposición se encarniza en una disputa interna cuyos motivos nadie entiende bien más allá de la mera obtención del bastón de mando. Es verdad que la experiencia albertista dejó la certeza de que el poder no puede compartirse. Es cierto que el peronismo sabe armar (y capitalizar) formaciones de frente, pero no de alianza. Es evidente que en esa tradición política no pueden convivir distintos puntos de vista capaces de gestionar decisiones negociadas. Se constata una vez más que el que gana dirige y los demás acompañan (verbigracia, se alinean). Todo eso es cierto, pero la lucha lisa, llana y despiadada exclusivamente por el poder partidario mientras se abandona el terreno al enemigo provoca toda una gama de reacciones, desde el asombro a la vergüenza. ...