El fin justifica los medios (de comunicación)
Desde que
estamos en Internet, escuchamos hasta el hartazgo aquello de “chequear la
información”. Y es cierto: la red es un espacio en donde hay mucha basura,
desde fantasías de mitómanos y fakes
hasta calumnias y extorsiones criminales. Para no hablar de los trolls, vocacionales o a sueldo; o de
los servicios de inteligencia y las operaciones de todo tipo. Internet –y
dentro de Internet las redes sociales– es una jungla, y hay de todo. Con lo
cual, tomar precauciones parece una medida prudente.
Lo bueno de
la jungla es que obliga a estar alerta, a valerse por uno mismo y, sobre todo,
a formarse un criterio propio del ambiente circundante. No valen tanto los
consejos ajenos como la experiencia propia. Y una experiencia de este tipo se
va construyendo sobre la base de ensayo y error. En ese mundo líquido y mutante,
no hay manuales o instructivos que puedan sobrevivir ni cinco minutos.
Desde que comenzó
esta movida, entonces, cuenta aquello de chequear la información. ¿Y adónde se
chequeaba la información en los comienzos? En los grandes medios, claro; los
periódicos de gran tirada. Allí estaba la corroboración o el descrédito de todo
el circulante.
Con el
tiempo, ya no fue suficiente chequearlo con un medio. El contraste con, al
menos, dos, era lo que refinaba el resultado. Diferentes experiencias habían
enseñado que la verdad incuestionable esgrimida por los grandes medios podía, en
ciertas ocasiones, no ser tal. Lo cual no dejaba de resultar extraño, dado que
los grandes medios eran, supuestamente, los que poseían el aparato, los
dispositivos y los recursos (tecnológicos y humanos) especializados para
acceder, evaluar y editorializar la noticia.
¿Qué había
cambiado? Nada en el mundo de la industria periodística: allí todo seguía
igual. Era nuestra percepción la que había sufrido un desplazamiento. La comprobación
de omisiones, ocultaciones u errores se había hecho evidente. En realidad, lo
que había comenzado era un proceso que develaba lo que eran los medios verdaderamente,
detrás de la fachada de prestigio profesional edificada con laboriosidad y
método, mediante la manipulación, no sólo de los contenidos, sino de la figura
del periodista, y también de la del lector.
Ese fue el
comienzo de un proceso imparable. Los grandes medios pasaron, en sucesivas
etapas, de ser el fiel de validación de la información circulante en las redes
a un marco de referencia no muy preciso, luego a una fuente más entre muchas
otras –en igualdad de condiciones con el resto–, para finalmente invertir su
posición inicial: hoy son los medios los que precisan ser chequeados y
validados con y por otros medios de información, en muchos casos más confiables
y más inmediatos.
Feos, sucios y malos
Una máscara
de proporciones gigantes había caído. Los medios, que siempre habían fingido
ecuanimidad y objetividad, se revelaron para el gran público como una mirada
desfachatadamente parcial y tendenciosa en defensa de un entramado de intereses
políticos y económicos.
Mientras el
imaginario construido (y enseñado) hablaba de los medios de comunicación como herramientas
de interpelación de las autoridades por los sufragistas (o, en otras palabras,
como intérpretes de las voluntades de la ciudadanía frente a los poderes
constituidos), la cruda realidad los despojaba de todo atributo heroico para
exponerlos como instrumento mezquino de los poderes fácticos (el gran capital
terrateniente, industrial y financiero) para extorsionar a la clase política, por
un lado; y garantizar el control social de las mayorías por el otro. Ambos
brazos de esta pinza son complementarios: en caso de que el que no se alinee
sea el poder político, se incitará a la desobediencia civil para desestabilizar
al gobierno. Si las que no se alinean son las mayorías populares, se recurrirá
a la manipulación informativa para, coordinadamente con los aparatos represivos
del Estado, desarticular la formación de conciencia en la defensa de los
intereses comunitarios. En cualquiera de las dos alternativas, los recursos
empleados serán la mentira y el ocultamiento.
La prensa únicamente
sirve a intereses. Siempre ha sido así, siempre lo será. Sólo que en algún
momento, pongamos por caso los siglos XVIII y XIX, mayoritariamente estuvo al
servicio de causas o ideales políticos. Fue en el curso del siglo XX que se
produjo su transformación, cuando fue cooptada definitivamente por el poder
económico, que la transformó en su vocera. Poder económico que interpretó mejor
que nadie a Marx y aquello de que “las ideas de la clase dominante son las
ideas dominantes en cada época”. Qué mejor que adueñarse del aparato completo
de producción de sentido de la realidad.
Pero resulta
que ahora Internet y las redes están demoliendo ese orden. Los medios no sólo
no pueden ofrecer ni pizca de tratamiento objetivo de la información: ni
siquiera cuentan con el aparato y los dispositivos más idóneos, más eficaces y
más inmediatos para acceder a los sucesos o transmitirlos. La revolución
tecnológica digital los hace aparecer, con sus pesadas estructuras, como
grandes elefantes que anuncian su presencia con estruendo, ahuyentando cualquier
novedad a su paso. Un teléfono celular es hoy, periodísticamente hablando, el dispositivo
por excelencia. Las redes sociales, por ser nativas del entorno digital, los
recursos mejor adaptados para la enunciación y transmisión de mensajes.
Demoliendo teles
Por otro
lado, el mundo digital es hipertextual y multimedia, ambiente en el que no
encajan más que a la fuerza y a regañadientes los medios tradicionales, que ya
se perciben como mastodónticas rémoras de la antigüedad, aún en versión digital. Los periódicos impresos
son deficitarios y lo serán todavía más; su persistencia en soporte físico sólo se
explica por la importancia que se les asigna como símbolo superestructural de resiliencia
cultural.
También la
televisión experimenta desde hace tiempo el fenómeno del cord-cutting, la tendencia creciente a abandonar el abono de cable en
beneficio de plataformas OTT tipo Netflix y, más radical aún, el de los cord nevers, las últimas generaciones que
nunca han tenido cable ni experimentarán jamás algún interés en tenerlo, ya que
para ellos el entretenimiento y la información audiovisual se autogestiona, navegación
por la red mediante.
La jungla es
un lugar atractivo. Puede que no se esté del todo a salvo, puede que haya que
pasársela fisgoneando por si aparece un león o se descuelga una serpiente de
cascabel imprevistamente. Pero al menos se es uno mismo, y no el idiota
comemierda de The Truman Show, consumiendo el peor de los venenos: la ilusión
abominable de seguridad, a cambio de resignar la voluntad propia a los
designios de otros.
La estabilidad
no existe; no ha existido nunca, nunca existirá. Ningún trabajo es para
siempre; ni la salud, aunque se haya contratado la mejor prepaga; ni eximirse
de los juicios, que penden como estalactitas arbitrarias sobre la multitud. Y aún
a salvo de eso, quedan los terremotos, los tsunamis, un automóvil fuera de
control y locos, drogadictos y pervertidos por doquier. Y por si todo esto
fallara, está el calentamiento global garantizado. No es para andar paranoico
por ahí, pero no hay nada comprado en la vida, y lo mismo sucede con la
información. Adiós a aquellos tiempos en que los grandes medios escritos,
radiales y televisivos se posaban plácidamente, como coronas de electrodos distribuidas
por millares, abrazando las sienes de lectores dóciles que se sentaban a
tragarse el cuento. Cuanto menos, el panorama ya no es tan idílico para ellos. Se
los explica, con mucha más elocuencia y gracia, Cristina Fallarás en este
brevísimo video:
Tengo para mi que los medios en Argentina, aun hoy son "influencers" importantes.
ResponderEliminarAl menos aún, en esto que considero una democracia "sucia", no veo que los medios de comunicacion bajen el volumen de las maravillosas cuentas de colores con que hemos llenado nuestras arcas para satisfacer nuestra conciencia.
Lo hacen bien, don Jaime Duran se merece cada dolar que le pagan, eso si los actores, son tan torpes en sus papeles que hasta casi dan ternura.
Y ya que de noticias hablamos vale destacar la visita que ha hecho nuestro señor presidente al nacional y popular Mercado Central, saludado por una multitud (una decena? mmm.. me parece que no llegaba a un digito, pero es otro tema) de puesteros, de camisa (corbata o pajarita hubiera sido demasiado increible) y todos curiosamente "blanquitos" y elegante sport, como para bolsear papas un par de horitas.
http://www.eldestapeweb.com/tras-las-vacaciones-macri-volvio-una-nueva-puesta-escena-el-mercado-central-n38534
Con esto confirmamos que: los macristas son unos descerebrados incurables. Si siguen creyendo que el gobierno anterior eran todos corruptos, que Maldonado se ahogó solito, que a protestar van los violentos, que Triaca estaba estresado, que era necesario sacar retenciones al campo y bajar jubilaciones, y que está por venir la lluvia de inversiones.....
A pesar de éste y otras barbaridades obvias a los que nos tiene acostumbrado don "M", las primeras planas aún no dejan de ser noticia, creo que pasará aun un largo tiempo hasta que otros medios (que menciona el video) haga mas fidedigna la realidad.
Conclusion: hoy, todo esto no hace falta verlo en primera plana, ya tenemos demasiado con llegar a cualquier cafeteria y ver en la tv un único canal... George Orwell en su novela "1984", logró dimensionar una sociedad no-pensante por el temor del "Gran hermano", ojala no lleguemos tan lejos, o mejor dicho: ojala no sigamos "cambiando" porque la verdad es "monstruo grande y pisa fuerte"
Sí, la influencia todavía es grande, de lo que estamos hablando es de tendencias y de cómo, justamente, se abren caminos para escapar al totalitarismo informativo. ¿Adónde pueden llevarnos, y a cuántos? No lo sabemos. En mi caso personal (y es absolutamente personal), hace diecisiete años solía dedicar varias horas de cada domingo a la lectura de Clarín, porque me parecía que, aún siendo muy engañosa la ideología del diario, había sectores o columnas rescatables. Hoy, mediante este largo proceso, estoy convencido de que no tiene nada aprovechable, porque aún la convocatoria o la entrevista a personas bienpensantes se realizan en dosis y se encuadran en formatos inofensivos que, como las vacunas, lo único que hacen es generar anticuerpos contra lo mismo que representan y validar la línea editorial en su mentirosa "pluralidad". Hoy el Clarín no lo usaría ni para envolver huevos.
EliminarLo otro, lo de la obcecación argentina en negar lo evidente y sostener el fanatismo más allá de la racionalidad, en un "nosotros o ellos" más allá de cualquier inteligencia y moral, creo que va más allá del macrismo o de cierto sector del macrismo y afecta a un sector más amplio de la sociedad. Ese negacionismo aparece en ciertos sectores kirchneristas también, por poner un ejemplo. Lo llamativo en el caso de los macristas es que apoyan medidas que los perjudican directa y personalmente en su patrimonio, mientras benefician a sectores infinitamente más acomodados. Eso es incomprensible.
Convengamos, que son torpes hasta para sus propios intereses, (así es que no es necesario comprender nada) incluso me animo a pensar que son incapaces de ver mas allá un par de metros mas de sus planes (de ahí que hay reiteradas marcha atrás con el clásico "si pasa,...pasa", aunque aquí también hay algo mas profundo).
ResponderEliminarAnoche, mientras leía su comentario último, recordé la visión de una persona que creo, tiene la lucidez y autoridad suficiente que comprende perfectamente hacia donde van los medios: El Señor Rafael Correa (la mayúscula no es casual, por la admiración que me despierta.)
Hay muchísimo material por youtube refiriéndose al tema de los medios de comunicación. Creo que la visión que tiene sobre el "PRODUCTO" es un punto a tener en cuenta; y aquí es donde está la respuesta hacia donde irán (al menos como una posibilidad) los medios.
https://www.youtube.com/watch?v=iuzfeqUb_dk
Éste es uno de los tantos links sobre el tema, pero como mencioné, hay decenas de lugares sobre el tema, desde la vision de Correa.
Como en muchas otros tópicos, los medios trabajan arduamente también en el proceso de naturalización del absurdo de que la libertad de prensa es la libertad de publicar cualquier cosa. Y eso no es así. La información falsa debería ser penalizada. En otras épocas, existían en el periodismo códigos de ética aplicados a la profesión, y hasta informales tribunales de disciplina para quienes los violaran. La pérdida de credibilidad, el aislamiento y el ostracismo podían ser las condenas. Hoy todo eso no tiene sentido porque el periodismo se desplazó hacia otros lugares, de muy baja calificación, alto grado de opinión subjetiva y mínima enunciación de contenidos. Con lo cual, el intento de construcción de un sentido crítico por el lector/espectador es casi imposible, al menos dentro de los formatos tal como fueron concebidos. En la medida en que vayan desintegrándose (por obsoletos, por disfuncionales, por ineficientes) habremos superado al menos ese escollo.
EliminarExactamente es asi hoy, hay mucha informacion que supera lo Ionesco; lo cual no esta mal si los codigos fueran claros para poder discernir "el diario amarillista" (SIC) del: "que se puede! se puede!!" disfrazado de la manera mas burda...
ResponderEliminarLa mayoria de la gente (me incluyo) caen (caemos) facilmente, la ingenuidad ante esta nueva tactica (tecnologia, producto o como sea el tratamiendo de la informacion) es muy fuerte...
El Sentido Critico, como Ud dice, es casi imposible, pero mas que nada porque es dificil discernir las entrelineas y para esto nos hace falta mucho "ejercicio", creo estamos muy expuestos, al menos durante un tiempo mas. Espero que para ese entonces siga al menos.....ya no digo Pagina 12, pero Paka Paka!!