Apuntes sobre la represión


Si lo vivido no sirve para aprender, no vale la pena. Vayan entonces algunas consideraciones que se pueden ir elaborando.

Medios violentos

Cuando uno ve por tv la refriega a piedrazos entre indeterminados y canas, lo primero que piensa es que esas cámaras acaparadas por los hechos violentos deberían estar mostrando una multitud de cientos de miles en lugar de un grupito comparativamente minúsculo. Pero después reflexiona que los medios de cualquier modo no van a mostrar la manifestación porque la orden es invisibilizarla. Así que termina aceptando que la única manera de hacer algo visible es a los piedrazos. Lo acepta desde lo fáctico y lo realista, no desde lo político y lo racional, es claro; la conclusión es que en esto de la violencia los medios no sólo son cómplices: son partícipes necesarios.

Training

Desde las primeras acciones represivas de la antigua Policía Metropolitana, me refiero a las del Borda, el teatro San Martín y el Parque Indoamericano, siempre me pareció sobreactuado el nivel de violencia ensayada. Sospeché entonces que una fuerza de choque necesita entrenarse, sobre todo cuando viene de un largo relajo en eso de pegarle a congéneres. Lo rescatable es que, del otro lado, la gente también se va entrenando. Y ese entrenamiento, junto a la construcción de conciencia política, es invaluable. Se aprende que los gases no son tan terribles, que hay que mantenerse atento todo el tiempo, saber por dónde rajar, tener a mano dónde protegerse. Que no hay que enfrentarse sino bailar el minué de retiradas, reagrupamientos y regresos. Que no importa ceder un espacio, lo importante es mantener la manifestación. Cosas prácticas que van a servir siempre.

Cuadro psicológico

El salvajismo represivo se explica en parte porque los canas también tienen miedo. Finalmente, por muchos que sean, siempre están en amplia minoría. Por tanto no van a hacer las cosas por la mitad: la acción será ejecutada de manera mecánica, sin consideraciones, como en la guerra. Esto no ayuda a mejorar la imagen de los servidores públicos (que te sirven de lo lindo si esa es la orden), pero sí a comprender mejor la dinámica de represión. Siempre al avanzar van a cometer desmanes, excesos y atropellos. Parte del efecto disuasivo que pretenden conseguir pasa, precisamente, por generar miedo. Y si el miedo no se logra amenazando o intimidando, se pasa a un grado superior de violencia. En caso de duda, el pánico haría presa de ellos.

Fajarse con la cana

El enfrentamiento con los efectivos sólo podría tener sentido por cuestiones tácticas y coyunturales. Si existiera un objetivo claro (forzar un paso, llamar o distraer la atención, ocupar un espacio), tendría una racionalidad. Después deberá evaluarse si es conveniente políticamente, y personalmente considero que no, pero al menos existiría una racionalidad. Ahora, el enfrentamiento gratuito, deportivo, sin ningún direccionamiento es, además de estúpido, reaccionario, en tanto debilita las posibilidades enunciativas de la masividad, que constituye un mensaje, un poder y un peso en sí misma. Cualquiera sabe que los canas no son los responsables de las decisiones políticas que motivan cualquier represión. Cualquiera sabe que las órdenes “actúen” o “no actúen”, que enmascaran con el cinismo de un lenguaje neutro cualquier referencia a la violencia, no parten de los uniformados, sino de instancias reales de poder.

El chico de la flor

No es una buena idea. Aunque te sientes con una flor o con una imagen de Cristo, te van a tirar igual. La lógica de las fuerzas represivas es anular cualquier expresión de desafío, por lo tanto enfrentarlos de cualquier modo no funciona. Es lo mismo con el viejo del video al que le tiran gas pimienta porque se queda quieto mirando y no corre como los demás. Si toleraran que una persona con una flor permaneciera indemne, a los diez minutos tendrían cien sentados. Hay que pensar lo que están pensando ellos.

Contrainteligencia propia

Suena muy grandilocuente, pero es sencillo: cómo las distintas organizaciones pueden cuidarse entre sí. Supondría una Mesa de Coordinación previa a cualquier movilización en que se acordaran estrategias conjuntas para actuar en caso de infiltración, conteniendo a los propios y aislando o neutralizando a los extraños y sospechosos. Esa coordinación debería mantenerse activa y comunicada durante las marchas para dar aviso y datos fotográficos de los elementos potencialmente infiltrados. Las personas que marchan sueltas también deberían conformar algún tipo de agrupación o incorporarse a otras columnas.

Réplica a la estrategia comunicacional del gobierno

El gobierno basó parte de su éxito en una estrategia de contacto directo con el votante: el timbreo, las reuniones barriales o las audiencias utilizados con rigurosidad y de manera sistemática. Su sostenimiento orgánico en el tiempo es la clave de su eficiencia. En las marchas diurna y nocturna del 18 de diciembre se calcula una movilización de 500.000 personas, eso representa 1 de cada 6 porteños, o sea que cada núcleo familiar fue estadísticamente alcanzado. Se podrían utilizar los mismos mecanismos –timbreo, reuniones o audiencias– para denunciar lo ocurrido y la contradicción con el relato oficial.




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